La de los potis

“Hola, me llamo Carla y soy adicta a los potis coreanos.”

Todo este sinsentido empezó durante mi primer viaje a Corea, en noviembre de 2010. Conocía las marcas por haberlas visto en los créditos de las series coreanas y moría por visitar las tiendas por culpa de los maquillajes de las guapísimas actrices coreanas, quería saber el secreto!

En aquel entonces vivía en China, en Guangzhou, y mi amiga japonesa no hacía más que hablarme de lo maravillosos que eran los cosméticos coreanos y los viajes que hacían los japoneses a Corea SÓLO para comprar potis, increíble! No podía ser, tenía que probarlo. Sabiendo lo maravillosos (y caros!) que son los potis japoneses, por qué ese amor incondicional a los coreanos? Pues allá que fui yo a intentar descifrar el enigma…

Mi primera incursión en una tienda fue un poco aterradora. Supongo que mi cara de “no se donde me meto” atrajo a las dependientas cual carroña atrae a los buitres… salí por patas…

La segunda incursión fue algo mejor. Decidí preguntar por algo en concreto y a partir de ahí ir mirando… mala idea… casi todo estaba en coreano (o japonés)! De hecho, desde entonces parece que se han dado cuenta de la importancia del turismo internacional relacionado con la cosmética y hoy en día ya se pueden leer explicaciones de todo en inglés, no sólo en la tienda sino también en los envases. Al final, salí igualmente con las manos vacías…

A la tercera decidí hacer uso de mi arma secreta, mi coreanito monoso! Lo obligué a que me tradujera las explicaciones tanto por escrito como las que me daban las dependientas. Una de tantas hizo la pregunta maldita… “¿Quieres probar la nueva BBcream?” Uy! Ya estaba… la dependienta había despertado mi curiosidad y no lo pude resistir. “¿BBcream? ¿eso qué es?”. Y hasta ahora…